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En este post os cuento mi reciente aventura en el monte Kilimanjaro, al que fui a finales de agosto por mis vacaciones, para conquistar su cima. Sin duda una de las mejores experiencias de mi vida, ¡y también de las más duras! Esta montaña tiene un especial simbolismo por ser el ‘techo de África’ con 5895 metros, siendo por ello una de las ‘siete cumbres’. No hay nada más alto en toda África ni Europa, que se dice pronto.

Todo empezó en mayo, cuando me propusieron hacer este reto, y enseguida dije que sí, sin pensarlo mucho. Meses atrás habíamos estado hablando con gente que lo había hecho y siempre me pareció interesante, y en principio, parecía asequible para la mayoría. Es decir, no necesitas ser un experto en montañismo o escalada, con tener una suficiente forma física, que te guste la montaña y la naturaleza, y buena mentalidad, ya llevas gran parte de los deberes hechos.

Aun sabiendo que era “asequible”, conforme se iba acercando la fecha estaba más nervioso y empecé a darme cuenta y a pensar más en serio que esto no era una tontería, que no iba a ser fácil. Mil preguntas rondaban mi cabeza: ¿Qué ropa llevo? ¿Cómo la consigo si en Kenia lo máximo que tengo es un jersey fino de manga larga? ¿Tomo pastillas para el mal de altura? ¿Me afectará la altura? ¿Alcanzaré la cima?… mil historias y dudas que pueden hacer que des más vueltas de lo normal en la cama por la noche, y que iremos respondiendo en este post.

Primero decir que hay varias rutas, como bien nos comentó nuestro amigo Sergio en esta entrevista que le hicimos en Navidades. Las más famosas son la ruta Marangu y Machame. Yo hice la ruta Marangu, que es la más conocida y también la más económica. La dificultad de esta ruta radica en que sube muy rápido a la cima, solo en 5 días de forma muy directa, y por tanto la tasa de éxito es algo más baja por el riesgo de sufrir mal de altura. Sabiendo esto, acabamos optando por añadir un día extra de aclimatación, que luego explicaremos. Nos dio bastante tranquilidad saber que teníamos ese día, y tampoco incremento demasiado el precio.

En mi caso, dado que trabajamos en Kenia, tuvimos que desplazarnos desde Nairobi hasta Arusha (Tanzania) en autobús, donde conocimos a nuestro guía y a la cuadrilla. Pagué 50 $ de visado. En Arusha alquilamos ropa y equipo de montaña (más info en este post) y dormimos una noche allí. Al día siguiente dirección Moshi, y de ahí a Marangu, donde está la puerta del parque nacional en la cual empieza esta ruta.

La primera ruta es muy corta, de hecho la empezamos bastante tarde, sobre las 14.00h, después de comer y registrarnos en el parque.

Libro de registro del parque

Como digo, la primera ruta es corta, lleva unas 4 horas hacerla y es muy bonita pues transcurre íntegramente por una frondosa selva tropical. No es muy dura, pero se supera un desnivel importante en poco tiempo de caminata (de 1870 a 2700 metros). Desde que se empieza este día hasta que se llega a la cima hay que subir a ritmo de tortuga, pole pole como dicen en swahili, literal. Nunca he andado más lento en mi vida, pero es la clave para alcanzar la cima, si no no te aclimatas e incrementa el riesgo de sufrir mal de altura, algo serio y que puede hasta poner en peligro tu vida, y evidentemente, truncar tu objetivo de llegar a la cima de África.

En esta primera ruta es importante no fliparse, porque te ves con energías y no es muy dura, la clave es hacerla muy lenta desde que cruzas la puerta de entrada. Esta noche se duerme en el refugio llamado “Mandara Hut”, a 2700 m. Este refugio está bastante bien aunque es muy húmedo y sombrío, debido a las condiciones de esta parte de la montaña, de hecho había una niebla muy densa al poco de llegar. Las cabañas son cómodas, aunque hace frío dentro. Hay baños bastante bien equipados, hasta con duchas, pero sin agua caliente claro. ¡Todo un reto! Yo no las usé y diría que pocos lo hacen.

Comentar aquí que siendo agosto el mes que más afluencia de público hay en teoría, no lo encontramos saturado para nada, de hecho tuvimos siempre cabañas para nosotros en los campamentos, sin compartir con nadie, y en todas las rutas la mayor parte del tiempo andábamos en solitario. Como dato, el día que nosotros empezamos solo unas 10 personas comenzaron la ruta, siendo yo el único español.

El segundo día se va desde Mandara Hut hasta Horombo Hut, que se encuentra a 3720 metros de altitud. Esta ruta ya es más larga (12 kilómetros) y tiene sus tramos de buenas pendientes, pero pole pole se hace bien y sin ninguna dificultad. Creo que nos llevó unas 7 horas y a medida que se avanza la vegetación va haciéndose menos densa. También es aquí la primera vez que se puede ver la cima del Kilimanjaro, si hace buen día, y esto te motiva de una forma brutal.

Horombo Hut es un campamento de mayor tamaño que Mandara e igualmente bien equipado con refugios de madera. A mí me gusto más que Mandara, y en las cabañas hacía menos frío que en el campamento anterior. Aquí pasamos dos noches, debido a la jornada extra de aclimatación.

Fue también este día la primera vez que me empecé a notar “raro”, con síntomas de altura, eso sí, leves. Me notaba el pulso muy rápido e intenso, algo de dolor de cabeza, y confusión. Incluso nuestro guía me notó raro esa noche. Tuve cierto momento negativo, algo no muy usual, y me fui a dormir pensando que no sería capaz de coronar la cima. Al día siguiente me levanté perfecto, sin estos síntomas que he comentado, e hicimos una pequeña ruta por la mañana a la ‘Zebra rocks’, una montaña a rayas blancas y negras que recuerda a la piel de las cebras y que está a 4000 metros de altura. Un desnivel de poco más de 300 metros y unas 2-3 horas en total ida y vuelta.

Zebra rocks

Esta pequeña excursión es muy útil, ayuda mucho a aclimatarse subir un poco y volver a bajar para dormir. Ese día ya me notaba mejor, estaba haciendo efecto el día de aclimatación. Aún seguía con el pulso muy fuerte y rápido, pero me sentía con ganas, buen apetito… aunque me notaba también más cansado de lo normal. A estas alturas ya se va notando que hay menos moléculas de oxígeno disponibles en el aire que respiramos. Para no confundirse hay que aclarar esto: la concentración de oxígeno es la misma durante toda la ruta, un 21 %, lo que varía es la cantidad de moléculas de oxígeno que respiramos, ya que estas se ven disminuidas en número a medida que disminuye la presión atmosférica con la altura. Dado que disponemos de menos oxígeno, no conseguimos satisfacer la demanda habitual del organismo y experimentamos estos síntomas inusuales.

Día 4: tras la jornada de aclimatación, se pone rumbo a Kibo Hut, el campamento base desde el cual se parte hacia la cima. Kibo Hut está a 4700 metros y la ruta hasta allí se me hizo larga, y a mí en concreto me pareció ya algo más dura comparada con el resto, sobre todo la parte final, en la cual apenas hay ya obstáculos naturales y el viento pega bastante fuerte, junto con un sol abrasador. Os podéis imaginar la radiación ultravioleta aquí, a casi 5000 metros de altura y casi el Ecuador. Un bote de crema del 50 y gafas de sol son tus mejores aliados en el Kilimanjaro. El paisaje en esta parte de la ruta es dantesco, apenas hay vegetación y parece que estas en el planeta Marte, increíble. Durante esta parte puedes ver también a un lado el pico Mawenzi, que es junto con el Kibo y el Shira, los que forman el Kilimanjaro.

A 4500 metros con el pico Mawenzi detrás

El día de la cima

Una vez acabada toda la ruta y pensando más en frío a mi vuelta a casa, llegué a la conclusión que considero que las tres primeras etapas son de un nivel que cualquier senderista haría sin mayor problema, pero que la última etapa a la cima sí que tiene ya más nivel y no es fácil, de hecho muchos abandonaron. De los que subimos ese día desde Kibo Hut, varios se volvieron, incluso dos chavales jóvenes con aparente buena forma física.

El día de la cima transcurre así: una vez que llegamos a Kibo Hut, a eso de la hora de comer española, alrededor de las 14.00h, nos dieron de almorzar y nos acostamos un rato hasta las 18.00h, que nos pusieron la cena. Tras cenar hay que intentar dormir un poco hasta las 11 de la noche. La verdad es que cuesta porque hace muchísimo frío en los cuartos, y la mayoría estábamos bastante nerviosos. Yo pude descansar algo y me levanté con bastante energía y motivado, y tenía la sensación que conseguiría llegar a la cima.

¡Y llegué!, pero vaya si costó, reconozco que fue duro.

Esta última etapa es así de dura por diversas razones, a mi parecer las siguientes: primero por la altura, nos encontramos ya cercana a la barrera de 5000 metros, una altura seria, sobre todo para uno de Sevilla jaja. En la cima de hecho el número de moléculas de oxígeno en el aire prácticamente se reduce a la mitad que a nivel del mar.

A la altura se le suma el cansancio acumulado y el exagerado desnivel de las paredes que suben desde Kibo Hut. Brutales. Hay una parte final, llamada “Jamaica rocks”, justo antes de llegar arriba de esta parte de la montaña que se observa en la foto, y que son unas rocas gigante que hay que ir sorteando en zigzag con una fuerte pendiente. Se pasa entre 45 minutos y una hora en este desmotivador tramo, antes de llegar a Gilman’s Point. Tenía que parar cada minuto literalmente. En estas rocas es la única vez que pensé en darme la vuelta, pero sabía que si aguantaba un poco más y llegaba a Gilman’s Point, llegaría a la cima casi con total seguridad.

Aquí se observan los tramos de subida

Por suerte no abandoné, aunque ese tramo me dejó tocado para el resto de la ascensión. Al poco de pasar Gilman’s Point estaba amaneciendo, y fue sin lugar a dudas el mejor y más bonito momento de todos en esta montaña, incluso lo disfruté más que la propia cima. Aun así, todavía quedaba fácilmente una hora y media para Uhuru peak, el punto más alto, y estaba fundido. Salió el sol y aunque se hizo eterno e incómodo por la nieve que había, al final llegué.

¡Por fin en la cima!

Aparte de los mencionados, otro factor que afecta es el frío. Al poco de salir de Kibo Hut ya se alcanzan los 0 grados y puede haber entre 10 y 20 bajo cero en la cima si hace mal día. Aunque llevábamos buena ropa, hacía frío. De todos modos todos estos factores se superan con mentalidad positiva, y esta te puede traicionar por la dureza de determinados tramos que ya hemos comentado. También algún síntoma de mal de altura como diarrea o vómitos puede hacer muy incómoda la ascensión y hacerte abandonar. Por suerte en nuestro caso ningún problema serio, aunque tuve un fortísimo dolor de cabeza desde los 5600 metros y a veces nauseas leves que no fueron a más.

Alcanzar la cima es un momento indescriptible sin duda, y te sientes con una satisfacción tras semejante reto difícil de explicar, pero no acaba ahí la cosa, hay que bajar lo andado hasta Kibo, y ganas no es que quedaran demasiadas. Por si fuera poco, tras pasar por Kibo, donde dormimos un poco, había que continuar hasta Horombo Hut. En total ese día andamos casi 15 horas!!! de locos.

Al día siguiente, a las 6 de la mañana, en pie para ir de Horombo Hut a la puerta del parque. 19 kilómetros que me parecieron 50. Se hizo largo y la verdad es que había ganas de llegar, de recoger nuestro certificado e ir al hotel de Arusha para esa ansiada ducha caliente.

Certificado por alcanzar la cima

En cuanto a la rutina de cada día, es básicamente la misma excepto en el día que se hace cima, como ya he contado. Cada mañana te levantas temprano, sobre las 6.30 de la mañana, te traen té a tu cabaña junto con un barreño de agua caliente para lavarte la cara y asearte un poco el cuerpo. Tras una media hora se va a la cantina donde suele ir la gente a desayunar. Allí te traen el desayuno, consistente en té, chocolate, tostadas con mantequilla, etc… Y tras desayunar vuelves a la cabaña, preparas la mochila rápidamente y empiezas a andar.

Si la ruta es muy larga, se hace picnic a mitad de camino para almorzar, hay algunos merenderos, si no pues en los campamentos al llegar, al igual que las cenas. Se cena pronto, sobre las 6 de la tarde, y todos los días nos íbamos a dormir muy temprano, a las 8 de la tarde.

Por último, sobre el mal de altura y la medicación para combatirla no vamos a hablar mucho, pues hay suficiente información en Internet sobre ello, pero sí comentar brevemente que la pastilla que la gente se toma es Diamox (acetazolamida), y me sorprendió ver que la mayoría de los que venían esos días conmigo la tomaban. Yo como no soy muy amigo de las pastillas a no ser que no quede otra, no las tomé. Podéis preguntar a vuestro médico o farmacéutico por ellas si estáis interesados.

Y hasta aquí mi aventura por el ‘techo de África’. Totalmente recomendable, pasar seis días aislado de todo en la montaña, sin Internet o comodidades del día a día, con esos paisajes cambiantes, el silencio, el simbolismo de esta montaña… un lugar único y una experiencia que no tiene precio. Si os animáis a hacerlo no dudéis en contactarnos y os ayudaremos a organizarlo y a responder todas vuestras dudas.

Etiquetas: aventurakilimanjaromontañamontañismoSenderismo
Juan Carlos Ceballos

El autor Juan Carlos Ceballos

Buscador de experiencias auténticas, nuevas culturas y gentes. Óptico-optometrista ejerciendo en Kenia, y sevillano. Aficionado a la fotografía con la que intento mostrar mi visión del mundo.

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